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"En el intento 2010" fue el diario de un pescador en las modalidades de Spinning desde costa o embarcado y Jigging en la isla de Fuerteventura, se tuvieran o no capturas expresar las sensaciones de cada salida, sensaciones de éxito o frustración según se desarrollaran las jornadas de pesca, en soledad con el medio o acompañado.

Dejaré el formato "diario", hablaremos de temas relacionados con el Spinning y el Jigging, sean capturas, equipos, complementos, etc...




sábado, 4 de mayo de 2019

NO SOMOS LOS PRIMEROS


Seguro que hemos escuchado y hasta llegado a decir en alguna ocasión eso de; he descubierto un pesquero, o incluso, tengo un pesquero.

Está claro que a estas alturas lo que se dice descubrir ya no se descubre nada y tener lo que se dice tener se te quita de la cabeza cuando vuelves y te encuentras alguien pescando en tan singular sitio.

Quizás lo correcto sea decir; conozco un pesquero……pues yo conozco un pesquero que desde la primera vez que lo vi y cada vez que lo visito me hace pensar.

Dicen que cuando pescamos no se hace nada y me da en la nariz que eso no es cierto, le damos vueltas a la cabeza con cualquier cosa o se nos mete una musiquilla en la cabeza y no la podemos parar, ¿o soy solo yo?.

El pesquero en cuestión tiene señales de existir como tal desde hace más de mil años o incluso hasta algo más de dos mil, al menos a mi me gusta pensarlo así.

En los comienzos de la pesca se practicaron formas y maneras que no terminaban en “ing” y una de ellas era el “cerco”.

Estos podían hacerse de distintas formas y con materiales varios. En las islas Canarias así como en otros lugares, aun quedan vestigios de aquellos que se hacían amurallando ciertos espacios de la costa.

Estos espacios debían cumplir ciertos requisitos, como fácil acceso, a ser posible plano, piedra en las cercanías para hacer los muros, que tuviese cierto resguardo del mar para evitar la destrucción del cerco y algunos etc.

Obviamente se hacia uso de las mareas para hacer funcionar la trampa, aprovechando la pleamar para hacer entrar el mayor número de peces dentro del cerco atraídos con engodos y cerrando el mismo en determinado punto de la bajamar con el fin de evitar la salida de los peces que se encontraban ya dentro.

Supuestamente o dependiendo de cada cerco los peces eran apaleados en caso de que el cerco no fuese de los que se quedan en seco o simplemente recogiéndolos del suelo si fuese el caso.

Algunos, por no decir la mayoría de los cercos que aun existen ya prácticamente no son visibles, otros aun se intuyen. Su función dejo de tener sentido hace tiempo, aunque no tanto en algunos casos según estudios y crónicas existentes.

Pero el pesquero que yo frecuento tiene un cerco precioso, aun completo y perfectamente visible, seguramente se usó hasta no hace mucho y sobre todo su situación le ha mantenido a resguardo de tantísimos temporales como habrá visto en su vida.

A mi me fascina verlo, me imagino a esos pescadores preparando su trampa y volviendo para el momento clave, seguramente muchos y probablemente hasta en familias. ¿Cuántos años tendrá? Ni idea, pero me gusta pensar que miles.

Díganme que no es bonito.


Seguimos en el intento...

2 comentarios:

Lluís R. dijo...

Hola,

Bonita entrada como todas!

Cada vez que públicas me alegro.

Muy buena lectura.

Yo también soy un enamorado del pasado y no puedo parar de imaginar como fue tal sitio hace 100 años, etc. Me fascina pensar todo lo que ha ocurrido sobre las piedras o playas que pisamos y que nunca se podrá saber. Seguro que lo UE nosotros hacemos, es lo menos interesante que allí sucedió... Jajaja

Saludos crack!

Y digo yo dijo...

Salvo algún “rembalon” que otro, jeje